Ingrese a un restaurante más o menos de primera, ni muy ficho ni muy pobre, a la entrada a la derecha una señorita nos miro, sentí como si un radar nos escaneara.
Después de un rato se acerco a nuestra meza y entrego unos volantes con la oferta de servicios fotográficos para bodas¡¡ "en los momentos más importantes de su vida estaré a su lado" nos dijo y entrego los volantes, "ahí esta mi dirección llámame para cualquier consulta aunque sea para chismear" le dijo al señora de más edad.
Seguimos comiendo, al finalizar la cena, las damas como siempre acudieron al baño y como se demoraban más de lo normal, llame por teléfono, a los cinco minutos salieron.
" esa señora te gano" me dijo sin compasión, " la señora nos agarro a todas las damas en el baño y nos cautivo con la conversación y nos convenció para que por la boda de nuestra hija deberíamos llamarla, nos mostro un book de fotos que era una belleza".
Ha por si acaso el día de la cena fue el jueves santo.
La historia anterior nos dice que cuando la gente quiere, la gente puede, lo demàs son excusas, falsos pretextos.